Jorge

La urgencia de cambiar

In Blog on enero 20, 2009 at 5:03 pm

Otro texto fusiladísimo de la Alianza para una Nueva Humanidad Latinoamérica:

Pregunta: “Cuando le escucho, siento la urgencia de cambiar, pero cuando regreso a casa desaparece. ¿Qué debo hacer?

 

¿Qué debe hacer? ¿La urgencia de cambiar se debe al orador, está influido por él? Mientras permanece aquí se siente motivado, pero cuando se va, ya no es así. Lo cual significa que está siendo retado, influenciado, persuadido, estimulado, y cuando esto se acaba usted se encuentra donde estaba antes.

 

Por tanto, ¿qué debemos hacer? Por favor, pensemos detenidamente la respuesta correcta. ¿Qué debemos hacer? Vengo a esta reunión desde un lugar muy lejano; es un día hermoso; he instalado mi tienda de campaña y estoy muy interesado; he leído, no sólo lo que ha dicho el orador, sino también otros muchos libros; conozco los conceptos cristianos y budistas, la mitología hindú, y también he practicado diferentes formas de meditación: la meditación trascendental, la tibetana, la hindú y la budista; pero no estoy satisfecho con todo esto, así que vengo aquí para escuchar.

 

Ahora bien, ¿estoy dispuesto a escuchar de forma completa? No puedo escuchar de forma completa, si traigo todo mi conocimiento conmigo; no puedo escuchar, aprender, ni comprender de forma completa, si pertenezco a alguna secta, si estoy apegado a un concepto en particular, o si quiero simplemente ampliar mis conocimientos añadiendo lo que aquí se diga. Si soy serio, debo venir con una mente libre, con una mente que diga: “Por el amor de Dios, vamos a investigar”, y no diciendo: “Quiero añadir lo que usted dice a lo que ya sé”.

 

De manera que, ¿cuál debe ser nuestra actitud? El orador ha estado repitiendo de manera constante, que la libertad es absolutamente necesaria. La libertad psicológica primero, pero no la libertad física que tenemos en los países democráticos y a veces en los totalitarios; sino la libertad interna que sólo puede darse cuando uno comprende su propio condicionamiento, tanto el condicionamiento social como cultural, religioso, económico y físico. ¿Podemos liberarnos del condicionamiento psicológico? ¡Yo primero, y todos los demás después!

 

La dificultad en todo esto, es que nos aferramos tan fuertemente a algo que somos incapaces de soltarlo. Estudiamos varias filosofías y una escuela psicológica en particular nos atrae; nos interesamos en ella, la estudiamos y descubrimos que tiene cierta grandeza, y ahí quedamos atrapados; luego venimos aquí, escuchamos, y lo añadimos a nuestros conocimientos. De modo que lo convierte en una gran mezcolanza, una mezcla de todo. ¿No es eso lo que estamos haciendo? Nuestras mentes están muy confundidas y mientras permanecemos aquí dejamos un poco de lado o minimizamos esa confusión, pero cuando nos vamos la confusión resurge. ¿Es posible darnos cuenta de esta confusión, no sólo mientras permanecemos aquí, sino también cuando estamos en casa, lo cual es mucho más importante?

 

Por consiguiente, ¿qué indica todo esto? Tenemos la inteligencia para resolver problemas tecnológicos, una mente que soluciona problemas. Todos la tenemos, pero eso no es inteligencia. La capacidad de pensar con claridad, con objetividad, y darnos cuenta de nuestra forma de pensar limitada, ése es el origen de la inteligencia. De hecho, veneramos el pensamiento; cuanto más hábilmente pensamos, más grandes nos vemos como personas. Mientras que si pudiéramos observar nuestra propia confusión, nuestra propia estrechez individual de ver la vida, si pudiéramos darnos cuenta de todo eso, veríamos cómo el pensamiento está permanentemente creando problemas. El pensamiento crea la imagen y esa imagen divide. Ver esto requiere inteligencia; ver los peligros psicológicos es inteligencia.; pero según parece no vemos esas cosas. Lo cual significa que todo el tiempo necesitamos de alguien que nos motive, nos empuje, nos estimule, nos pregunte, nos persuada, rogándonos que seamos conscientes de nosotros mismos; y a partir de ahí que nos movamos, que no nos quedemos estancados. Pero me temo que nadie hará eso por nosotros, ni siquiera la persona más iluminada, porque si así lo hiciera nos convertiríamos en sus esclavos.

 

Tal y como ahora lo hacen, la vitalidad, la energía física y psicológica, está siendo disipada en conflicto, en preocupación, en parloteo, en un sinfín de chismes, no sólo con los demás sino también con uno mismo. ¡Este eterno parloteo! Todo eso disipa la energía psicológica necesaria para mirarnos en el espejo de la relación —todos estamos relacionados con alguien— y descubrir así nuestras ilusiones e imágenes, nuestros absurdos e idioteces. A partir de esa observación surge la libertad y la inteligencia, que nos enseñarán el camino de la vida.

 

Jiddu Krishnamurti

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